¿EL CHAVISMO HA CAÍDO DE VERDAD? LA COMPLEJA REALIDAD POLÍTICA EN VENEZUELA TRAS LA CAPTURA DE MADURO
La aparente captura de Nicolás Maduro en enero de 2026 por fuerzas estadounidenses marcó un hito sin precedentes en la historia reciente de América Latina.

La acción militar, anunciada por el presidente de Estados Unidos y que terminó con el traslado del exmandatario y su esposa a Nueva York para enfrentar cargos legales, generó expectativas globales sobre un final abrupto del chavismo.
Sin embargo, la realidad política venezolana sigue siendo profundamente compleja e incluso incómoda para quienes interpretaron la captura de Maduro como el final inmediato del régimen.
A pesar de la ausencia física de su principal figura, las estructuras de poder que sostuvieron al chavismo parecen haberse reconfigurado rápidamente para mantener su presencia en la escena política.
Delcy Rodríguez: la nueva cara del poder chavista
Tras la salida de Maduro, la vicepresidenta Delcy Rodríguez fue juramentada como presidenta interina de Venezuela por el Tribunal Supremo de Justicia del país.
Su ascenso, respaldado en un contexto constitucional muy específico, muestra que la continuidad del chavismo no depende exclusivamente de la figura de Maduro, sino de redes políticas e institucionales profundas.
Rodríguez, durante sus primeros actos públicos como mandataria encargada, afirmó que Venezuela afrontaba “horas terribles de amenazas contra la estabilidad” y prometió garantizar la paz interna, aunque también adoptó un tono firme al rechazar lo que calificó como una agresión externa estadounidense.
Pese a su afiliación con el chavismo, políticos internacionales —incluidos aliados potenciales de la oposición— han considerado que Rodríguez puede ser un interlocutor con el que negociar, al menos en el corto plazo, antes que figuras de la oposición que no están presentes en el país.
María Corina Machado y la oposición: expectativas y limitaciones
En contrapunto a la continuidad del chavismo institucional, María Corina Machado se consolidó como voz prominente de la oposición venezolana incluso antes de la captura de Maduro.
Ganadora del Premio Nobel de la Paz, Machado ha hablado de lo que considera una transición política inevitable y ha sostenido que las reformas deben incluir la liberación de presos políticos y la restitución de derechos civiles.
Su papel, sin embargo, se ha visto complicado por la dinámica de poder posterior a la captura de Maduro.
Líderes opositores y figuras políticas externas han debatido sobre la viabilidad de su inclusión en un posible proceso de transición, mientras que actores internacionales —incluido el liderazgo estadounidense— han enfatizado criterios de estabilidad antes que protagonismo opositor puro.
No obstante, Machado mantiene una presencia simbólica y política fuerte, articulando discursos de unidad y manifestando su intención de volver a Venezuela para encabezar un proceso democrático.
La transición no es automática ni simple
Si bien la captura de Maduro ha acelerado cambios, expertos en la región advierten que no existe una transición democrática automática ni lineal.
Varias fuentes señalan que el país está en un momento de reconfiguración política donde la reforma económica —especialmente en sectores como el petróleo y la minería— parece avanzar con mayor rapidez que transformaciones institucionales profundas.
Un análisis reciente indica que, aunque se han producido excarcelaciones masivas y ciertos gestos de apertura, persisten condiciones que dificultan una transición clara hacia un sistema democrático consolidado.
Entre ellas destacan tensiones internas, falta de libertades civiles amplias y una oposición todavía en proceso de reorganización tras décadas de hegemonía chavista.
El balance estratégico: ¿victoria o repliegue?
Para algunos analistas, la captura de Maduro puede verse como un golpe simbólico y judicial al corazón del chavismo.
La presencia de figuras como María Corina Machado en el discurso internacional y la presión por derechos humanos y elecciones libres representan un desafío ideológico al modelo de poder que caracterizó a Venezuela durante décadas.
Pero para otros observadores, la realidad es menos definitiva.
El chavismo no ha desaparecido como fuerza política; simplemente ha adoptado una nueva configuración.
Con Delcy Rodríguez al frente del Ejecutivo y estructuras partidarias todavía influyentes en sectores clave, el proceso político venezolano transita por una etapa de incertidumbre más que de ruptura absoluta.
El escenario regional también refleja esta ambigüedad. Países vecinos y aliados tradicionales de Venezuela observan con cautela, mientras potencias internacionales buscan equilibrar intereses geopolíticos complejos.
La transición, de materializarse, será probablemente gradual y negociada, no una caída repentina del modelo anterior.