Nuevo ridículo colosal del PP: Feijóo queda en evidencia en Aragón y ‘Malas Lenguas’ destapa una cascada de errores, bulos y acusaciones sin pruebas
El lapsus que se convirtió en bochorno nacional
Alberto Núñez Feijóo vuelve a situarse en el centro de la polémica tras protagonizar lo que muchos ya califican como uno de los momentos más embarazosos de su trayectoria política reciente.
El líder del Partido Popular acudía a Aragón para visitar una importante empresa del sector agroalimentario, pero lo que debía ser una imagen de cercanía y solvencia acabó transformándose en un episodio de confusión reiterada que no pasó desapercibido.
Durante su intervención pública en la localidad de Binéfar, Feijóo se refirió hasta en ocho ocasiones de forma incorrecta al nombre de la empresa que visitaba, Fribin, rebautizándola sucesivamente como Brifín, Brifing, Vifi y otras variantes.
Un cúmulo de errores que, lejos de quedar en una simple anécdota, provocó una oleada de críticas y burlas en redes sociales.
Lo que debía ser un discurso de reconocimiento al tejido empresarial rural terminó convirtiéndose en un símbolo del desconcierto que, según sus detractores, acompaña cada vez más al líder popular.
“Brifín es vida”: cuando el mensaje se diluye en la confusión
Feijóo intentó destacar el papel de la empresa como motor económico de la comarca de La Litera, subrayando su capacidad exportadora, el número de trabajadores y su impacto en el producto interior bruto local.
Sin embargo, la reiteración de los errores lingüísticos eclipsó por completo el fondo del mensaje.
Las frases se sucedían entre titubeos, repeticiones y nombres incorrectos, generando una sensación de improvisación que contrastaba con la solemnidad del acto.
Para muchos observadores, el problema no fue solo equivocarse una vez, sino insistir una y otra vez sin corregirse, dando una imagen de desconexión con el entorno que pretendía ensalzar.
En cuestión de minutos, los vídeos comenzaron a circular masivamente en redes, acompañados de comentarios irónicos y montajes que amplificaron el alcance del episodio.
‘Malas Lenguas’ pone el foco y desmonta el discurso
El programa ‘Malas Lenguas’, presentado por Jesús Cintora en RTVE, abordó el asunto en directo, analizando no solo el lapsus empresarial, sino una sucesión de declaraciones de Feijóo que, según el programa, contienen errores, exageraciones y afirmaciones sin respaldo.
Sarah Santaolalla y el propio Cintora repasaron varios “canutazos” recientes del líder del PP en los que se detectan confusiones conceptuales, referencias imprecisas y mensajes contradictorios, alimentando el debate sobre el nivel del discurso político actual.
Lejos de quedarse en el tono humorístico, el programa planteó una cuestión de fondo:
¿Se trata de simples lapsus o de una estrategia comunicativa cada vez más desordenada?
El choque frontal con Zapatero: acusaciones que encienden la polémica
La tensión aumentó cuando el foco se desplazó hacia las acusaciones vertidas desde el Partido Popular contra el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, especialmente por parte de Miguel Tellado, secretario general del PP.
Durante intervenciones públicas y en sede parlamentaria, Tellado llegó a calificar a Zapatero como “la corrupción”, una afirmación de enorme gravedad que, según se señaló en ‘Malas Lenguas’, no fue acompañada de pruebas ni de resoluciones judiciales que la sustenten.
Estas declaraciones provocaron una reacción inmediata del expresidente, quien lamentó el clima de insidias, descalificaciones y acusaciones gratuitas, advirtiendo de que este tipo de prácticas deterioran la calidad democrática y alimentan una polarización peligrosa.
La respuesta de Zapatero: “A la democracia le sientan mal las insidias”
Zapatero respondió con un tono contenido, rechazando las acusaciones y defendiendo su trayectoria pública.
Subrayó que nunca ha sido condenado ni investigado judicialmente por corrupción, y pidió responsabilidad a quienes utilizan el altavoz político para lanzar sospechas sin fundamento.
El expresidente recordó que el debate político no puede basarse en la difamación, y llamó a rebajar la crispación en un contexto ya de por sí tenso.
Sus palabras fueron analizadas en el programa como un intento de desactivar la estrategia de confrontación que, según varios tertulianos, busca erosionar a figuras que aún conservan capacidad de movilización electoral.
Un clima político cada vez más bronco
La polémica no se limitó a Zapatero. En el análisis televisivo también se abordaron referencias cruzadas a otros expresidentes, acusaciones veladas, comparaciones internacionales y un uso del lenguaje cada vez más extremo.
Los colaboradores del programa alertaron de que normalizar este tipo de discursos puede sentar un precedente peligroso, donde cualquier adversario político puede ser señalado públicamente sin pruebas, confiando en que el daño mediático ya esté hecho.
En ese contexto, el episodio de Feijóo en Aragón fue interpretado como una metáfora del momento que atraviesa el PP: errores de forma, mensajes confusos y una estrategia basada más en el ataque que en la propuesta.
Las redes sentencian: del lapsus al descrédito
En redes sociales, el asunto explotó con rapidez.
Los fragmentos del mitin, junto con los análisis televisivos, se convirtieron en tendencia, acompañados de comentarios que cuestionaban la preparación del líder popular para asumir mayores responsabilidades de gobierno.
Aunque desde el PP se restó importancia al episodio, el daño ya estaba hecho.
Para muchos ciudadanos, la reiteración de errores públicos refuerza una imagen de improvisación que contrasta con la exigencia de solvencia que reclama una parte del electorado.
Conclusión: un episodio que va más allá del error
Lo ocurrido en Aragón no fue solo un lapsus lingüístico ni un momento incómodo aislado.
Se convirtió en un símbolo de un clima político marcado por la crispación, la confusión y las acusaciones cruzadas.
Mientras Feijóo intenta proyectar liderazgo, episodios como este alimentan el debate sobre su capacidad comunicativa y estratégica. Al mismo tiempo, el enfrentamiento con figuras como Zapatero evidencia una deriva discursiva que muchos consideran preocupante para la salud democrática.
El ridículo, esta vez, no quedó en el atril: se extendió al debate público y dejó preguntas abiertas sobre el rumbo del principal partido de la oposición.
