En su serie documental ‘Cuando nadie me ve’, Alejandro Sanz se abre en canal, reviviendo el precio de la fama y su historia de amor con Jaydy Michel

El pasado martes 27 de enero, Alejandro Sanz estrenaba en Movistar Plus+ ‘Cuando nadie me ve’, su serie documental que funciona como una confesión a corazón abierto. Lejos del artista omnipresente, del icono global y del personaje público, el cantante se muestra vulnerable, reflexivo y profundamente honesto, en el que revisita algunos episodios clave de su vida personal y profesional.

Entre rutinas cotidianas, pausas reveladoras y recuerdos nunca antes compartidos, el artista se enfrenta a su pasado sin maquillaje ni artificios. Y uno de los capítulos más intensos tiene que ver con una etapa en la que el amor, la fama y la presión mediática se mezclaron hasta convertirse en una tormenta perfecta.
El precio de la fama: acoso, estrés y un límite personal
Aunque recuerda aquellos años como un tiempo lleno de momentos felices, Alejandro Sanz no oculta que su boda con Jaydy Michel coincidió con el episodio más duro de su relación con la fama. “Hubo muchos momentos maravillosos, pero cuando me casé con Jaydy y volvimos de Bali hubo una revolución, fue una locura”, confiesa en el documental.

El cantante describe con crudeza el acoso constante que sufrió por parte de los paparazzi: “Los paparazzi son acosadores profesionales que se dedican a eso”. Una persecución diaria que traspasó todos los límites imaginables: “Se saltaban semáforos, se subían a escaleras para tomar dentro de la casa fotos… te amenazan, te insultan… yo no daba crédito a lo que son capaces de hacer”.

La presión fue tan intensa que terminó afectando directamente a su salud. “Debería estar prohibido. Debería ser ilegal. Fue muy duro. Se me caían los trozos de pelos, me salían calvas del estrés que me provocaban”, reconoce, poniendo palabras a una ansiedad que durante años permaneció oculta tras el éxito.
En medio de esa desesperación, Alejandro tomó una decisión tan surrealista como efectiva. “Llegó un punto, para que se entienda el grado de mi desesperación, que pensé: ¿yo cómo puedo liquidar a estos tipos?”. Su solución fue inesperada: “Contratar a dos tipos vestidos de pollo y mandárselos a él y a su familia, ponerles en su casa y que les acompañe a todas partes”.

Y aunque la estrategia fue un tanto surrealista, confiesa que terminó funcionando. “Le mandé dos tíos vestidos de pollo que le perseguían a él y a su mujer todos los días. Y funcionó. La mujer le dijo ‘el pollo o yo’”, relata entre broma y alivio. Una anécdota que ilustra hasta qué punto llegó la presión mediática y cómo el humor fue, en parte, su salvación.
Jaydy Michel, su primer gran amor
Alejandro Sanz y la modelo mexicana Jaydy Michel comenzaron su relación en 1997 y se casaron en Bali en 1998, en una ceremonia espiritual oficiada por un monje hindú que, aunque no tuvo validez legal, sí tuvo un profundo significado emocional para ambos. En ‘Cuando nadie me ve’, el cantante recuerda con emoción el inicio de esa relación: “Fue después del disco ‘3’. Hubo atracción desde el primer momento. Lo bonito en la vida es abandonarse cuando sientes algo así”.

También evoca su boda como uno de los días más especiales de su vida: “Notaba la felicidad en mi gente, mi familia… Fue un día muy especial. No creo que haya nada en el mundo que altere tu forma de ser más que el amor”. Fruto de esa relación nació Manuela en 2001, su primera hija, un acontecimiento que marcó para siempre al artista. “Había visto nacimientos de canciones, pero nunca de una persona. Es una mezcla de emociones increíble”, confiesa, visiblemente emocionado.
Los errores del pasado

Con el paso del tiempo y la perspectiva que da la madurez, Sanz reconoce también sus propias carencias afectivas: “Todos idealizamos la idea del amor, pero yo en mis canciones lo que hago todo el rato es reconocer que no sé nada del amor”. Una reflexión que resume la complejidad de una relación marcada por el cariño, pero también por errores, secretos y una exposición mediática asfixiante.
La pareja se separó en 2005, tras una etapa complicada en la que Alejandro reconoció haber tenido un hijo, Alexander, con Valeria Rivera, mientras continuaba casado con Jaydy. Aun así, ambos lograron reconducir su relación por el bien de su hija, manteniendo siempre palabras de respeto mutuo. Y a día de hoy se reúnen para celebrar juntos eventos importantes, como el cumpleaños de su hija o su graduación.