La Unión Europea da luz verde al acuerdo con Mercosur mientras crece la tensión con el campo europeo
La Unión Europea ha dado un paso decisivo hacia la firma del acuerdo comercial con el Mercosur, uno de los pactos más ambiciosos de su historia.
Tras más de dos décadas de negociaciones, la mayoría de los países miembros ha respaldado finalmente el texto en una reunión de embajadores celebrada en Bruselas.
Este visto bueno acerca la rúbrica definitiva de un acuerdo que podría crear la mayor área de libre comercio del mundo.
El pacto, sin embargo, sigue generando una fuerte división política y social dentro de Europa.

Aunque los últimos cambios introducidos por la Comisión Europea han tratado de suavizar las reticencias, las protestas del sector agrícola no han cesado.
La clave del avance logrado esta semana ha sido el cambio de postura de Italia, que en diciembre había bloqueado el consenso necesario.
Con el giro italiano, el equilibrio interno se ha decantado a favor de los defensores del acuerdo.
Países como Alemania y España han apoyado el pacto con claridad desde el inicio.
En cambio, Francia, Polonia y Hungría mantienen su oposición frontal al texto actual.
Estos países consideran que el acuerdo pone en riesgo a sectores estratégicos de su agricultura.
Pese a la resistencia de algunos gobiernos, el respaldo mayoritario permite avanzar hacia la firma formal.
La presidenta de la Comisión Europea tiene previsto viajar la próxima semana a Paraguay.
Allí se celebrará la ceremonia de ratificación del acuerdo con los países del Mercosur.
Este acto estaba previsto inicialmente hace un mes, pero fue aplazado por la presión social.
Entonces, cientos de manifestantes llenaron el centro de Bruselas para protestar contra el pacto.
Las imágenes de tractores y pancartas frente a las instituciones europeas reflejaron el profundo malestar del campo.
Desde entonces, la Comisión Europea ha tratado de introducir ajustes y medidas compensatorias.
En los últimos días se ha ofrecido adelantar ayudas económicas a los agricultores europeos.
También se han aprobado mejoras en los mecanismos de protección del sector agrario comunitario.
Bruselas insiste en que el acuerdo no dejará desprotegido al campo europeo.
Sin embargo, las organizaciones agrarias consideran estas medidas insuficientes.
Las protestas no se han limitado a Bélgica, sino que se han extendido por varios países europeos.

España ha vivido un segundo día consecutivo de movilizaciones contra el acuerdo.
Las llamadas tractoradas han vuelto a ocupar carreteras y accesos clave.
En Cataluña, los agricultores han protagonizado cortes en la autopista AP-7.
Los manifestantes denuncian que la agricultura europea está siendo utilizada como moneda de cambio.
“No queremos que el campo pague el precio para que otros sectores salgan beneficiados”, afirman los portavoces agrarios.
Según los sindicatos agrícolas, industrias como la maquinaria, la química, la farmacéutica o el automóvil son las grandes ganadoras del pacto.
El acuerdo permitiría a estos sectores exportar con menores aranceles a Sudamérica.
A cambio, Europa abriría su mercado a productos agrícolas procedentes del Mercosur.
Este punto es el que genera mayor inquietud entre los productores europeos.
Los agricultores alertan de una competencia que consideran desleal.
Países como Brasil y Argentina exportan grandes volúmenes de productos agroalimentarios.
Entre ellos destacan el azúcar, las naranjas, el pollo y especialmente la carne de vacuno.
Brasil y Argentina son grandes potencias ganaderas a escala mundial.
La producción de carne en estos países se realiza a costes mucho más bajos.
Según el sector, la diferencia de costes puede llegar al 30% respecto a Europa.
La razón principal radica en las normas de producción.
En el Mercosur está permitido el uso de hormonas de crecimiento.
También se autoriza el uso de antibióticos como promotores del crecimiento.
Estas prácticas están prohibidas en la Unión Europea.
Los agricultores europeos denuncian que cumplen estándares mucho más exigentes.
Estas normas elevan los costes y garantizan la seguridad alimentaria y el bienestar animal.
La entrada masiva de productos más baratos podría hundir los precios internos.
Este escenario preocupa especialmente a los ganaderos de vacuno.
Francia ha sido uno de los países más críticos con el acuerdo por este motivo.
El Gobierno francés teme un impacto devastador sobre su sector rural.
Polonia y Hungría comparten estas preocupaciones.
En el lado opuesto, otros sectores agrícolas ven oportunidades claras.
España, como potencia agroalimentaria, observa el acuerdo con más optimismo.
El aceite de oliva es uno de los productos que podría beneficiarse.
España es líder mundial en producción y exportación de aceite de oliva.
El acceso preferente a mercados sudamericanos abre nuevas posibilidades.
También los sectores lácteo y porcino miran con interés el acuerdo.
El vino es otro de los grandes beneficiados potenciales.
Brasil cuenta con más de 200 millones de consumidores.
Es un mercado enorme y en expansión para los productores europeos.
Actualmente, los vinos europeos soportan aranceles elevados en Brasil.
La tasa media ronda el 28%.
El acuerdo prevé una reducción significativa de estos aranceles.
Esto permitiría a los vinos españoles competir en igualdad de condiciones.
Hoy, vinos argentinos y chilenos entran con más facilidad en el mercado brasileño.
La eliminación de barreras mejoraría la posición europea.
La Comisión Europea defiende que el pacto es equilibrado.
Bruselas asegura que existen mecanismos de protección para el mercado interno.
Entre ellos figuran contingentes limitados de importación.
También se prevén cláusulas de salvaguardia.
Estas permitirían frenar importaciones si se distorsionan los precios.
Además, se contempla apoyo financiero adicional al sector primario.
Para la Comisión, estas herramientas garantizan la estabilidad del campo europeo.
Sin embargo, los agricultores no comparten esta visión.
Consideran que las salvaguardias llegan tarde y son poco efectivas.
Temen que el daño sea irreversible antes de que se activen los mecanismos.
El debate sobre el acuerdo refleja una tensión estructural en la Unión Europea.
Por un lado, está la apuesta por el libre comercio y la competitividad global.
Por otro, la protección de sectores vulnerables y estratégicos.
El acuerdo con Mercosur simboliza este dilema.
Tras veinte años de negociaciones, el texto ha sido modificado en múltiples ocasiones.
Cada revisión ha intentado conciliar intereses contrapuestos.
Aun así, el consenso pleno sigue sin alcanzarse.
La firma prevista para la próxima semana marcaría un hito histórico.
Pero también podría intensificar el conflicto social en el medio rural.
Las protestas del campo amenazan con prolongarse.
Los agricultores exigen una revisión más profunda del acuerdo.
Reclaman garantías reales y vinculantes.
La Unión Europea se enfrenta ahora al reto de gestionar las consecuencias políticas del pacto.
El apoyo al acuerdo no es unánime ni dentro ni fuera de las instituciones.
El desenlace marcará el futuro de la política comercial europea.
También influirá en la relación entre Bruselas y el mundo rural.
El acuerdo con Mercosur está a punto de convertirse en realidad.
Pero su impacto real aún está por escribirse.