Las grandes tragedias ocurridas en nuestro país en los últimos años han servido a la izquierda como mero espectáculo

El descarrilamiento de trenes ocurrido en Adamuz (Córdoba) ha dejado ya 39 personas fallecidas.
Convirtiéndose en una de las mayores tragedias ferroviarias de los últimos años en España.
Mientras avanzan las investigaciones para esclarecer las causas técnicas del accidente y se suceden los homenajes a las víctimas.
El debate público se ha visto contaminado por la utilización política del dolor, una práctica que vuelve a generar una profunda controversia social.
La tragedia ha reabierto el debate sobre el uso de las víctimas como elemento simbólico en la confrontación política.
En redes sociales y espacios mediáticos, algunos representantes y activistas de izquierda han querido dar lecciones.
Lecciones a todos aquellos que critican la gestión de Óscar Puente como máximo responsable del Ministerio de Transporte.
Uno de los casos más citados es el de Sarah Santaolalla, quien en el pasado posó con una camiseta. En ella figuraba el número de fallecidos en las residencias de mayores de la Comunidad de Madrid durante la pandemia.
Atribuyendo directamente la responsabilidad política a la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso.
Santaolalla posando con una camiseta de las víctimas en las residencias de la Comunidad de Madrid
Aquella imagen fue ampliamente difundida y criticada por sectores que consideraron que se instrumentalizaba el sufrimiento de las víctimas con fines políticos.
También se ha recordado el episodio protagonizado por Carla Galeote.
Quien apareció sonriendo mientras exhibía una lista con 50 nombres de mujeres asesinadas, en un formato que fue presentado como un “show”.
Algo que generó una fuerte reacción por el contraste entre la gravedad del mensaje y la puesta en escena.
Para muchos críticos, este tipo de acciones diluyen la dimensión humana de las tragedias y las convierten en actos de impacto mediático.
Carla Galeote posando sonriente con un traje en el que aparecen las mujeres asesinadas
A estas polémicas se suma el recuerdo de declaraciones del ministro de Transportes, Óscar Puente.
Quien fue duramente cuestionado por comentarios considerados frívolos sobre los incendios en Castilla y León.
Utilizados para atacar políticamente al presidente autonómico, Alfonso Fernández Mañueco.
Aquellas palabras alimentaron la percepción de que determinadas desgracias son empleadas como munición en la confrontación partidista.
El accidente de Adamuz, con 39 víctimas mortales, vuelve a situar en primer plano una cuestión sensible: el respeto a las víctimas y a sus familias.
Mientras, la sociedad reclama explicaciones, responsabilidades y mejoras en la seguridad ferroviaria.
Pero sorprende que sean esos mismos que posaban con camisetas de las víctimas quienes ahora piden no frivolizar a quienes piden explicaciones y critican a Puente.