La actriz habla de cómo convivir con un exfutbolista profesional influyó en su día a día

Vivir con alguien que ha sido deportista profesional acaba notándose en el día a día. A qué hora suena el despertador, qué hay en la nevera y cómo se organiza la semana.
Cuando Paula Echevarría conoció a Miguel Torres, él seguía jugando al fútbol y su rutina estaba marcada por entrenamientos, horarios estrictos y una alimentación muy cuidada. Ella hacía deporte con regularidad, pero su relación con el ejercicio era distinta. Con el tiempo, esa forma de vivir acabó influyendo también en ella y le permitió incorporar hábitos más saludables.
El día a día con un deportista profesional
Paula siempre ha hecho deporte y lo tenía incorporado a su rutina antes de conocer a Miguel. Lo que cambió fue convivir con alguien que vivía pendiente de su preparación física. “Recuerdo que la comida la cuidaba al quinientos por cien”, explica la actriz al hablar de aquellos primeros años juntos.
Esa convivencia empezó a reflejarse también en sus propios hábitos. “He aprendido a comer con Miguel”, cuenta. “Toda mi vida he comido fatal, pero con él aprendí esa disciplina del control, del cuidado, de levantarse a las siete de la mañana todos los días para entrenar”.

Lo que más le sorprendió desde el principio fue el nivel de exigencia que había detrás de esa forma de vivir. “Todo el sacrificio que conlleva. Todo”, confiesa. Desde fuera, reconoce, no siempre se alcanza a ver lo que implica una carrera deportiva. Hay una constancia diaria que solo se entiende cuando se convive con ella.
Menos presión y más tiempo compartido
Con la retirada de Miguel, la rutina cambió. Dejó el fútbol con 33 años y empezó a mirar esa etapa con otra perspectiva. “Ahora tengo mucho más tiempo de vida de la que yo he dedicado a mi deporte”, dice. Reconoce que no fue una decisión sencilla y que hubo dudas, pero siempre tuvo presente que la carrera de un deportista es corta y que después hay mucho por delante.

Ese cambio también se nota en la vida en común. Ambos definen el momento actual como tranquilo. “Muy bueno”, dice él. “De paz, tranquilidad”, añade ella. Hablan de familia y de ganas de compartir tiempo juntos, sin agendas tan marcadas como antes.
El gimnasio ya no es un punto de encuentro fijo. “Yo no tengo capacidad para lo que hace Paula”, bromea Miguel.
El deporte en casa
Hablar de deporte en casa lleva inevitablemente a hablar de Miki, que acaba de cumplir tres años. Miguel señala qué papel cree que puede tener el ejercicio en la vida de su hijo. “Me gustaría que se enganchara al deporte en general”, dice. “Creo que es el mejor vehículo para crecer, para tener unos valores y para desviarle de muchas atenciones que ahora tienen los niños”.
Paula lo mira desde otra perspectiva. “A mí lo que sea que le haga feliz”, asegura. Es una idea que repite también cuando habla de Daniella, su hija mayor. A los 15 años no muestra demasiado interés por entrenar, pese a verla a ella hacerlo a diario. “Nada”, afirma la actriz. “Es súper, súper perezosa”, añade entre risas. En casa, cada uno va a su ritmo.